Acechar lo vivo auténtico.
Masticar los vacíos y dar muerte a los personajes.
Perdurar en el tiempo lo verdadero que se construye al incomodar e incomodarme.
Soñar con la memoria, recordar el sigiloso instinto.
Anclar al pecho la mirada encendida por Amor de los grandes.
Hacer rugir el enigma incesante: matriz y origen, el retorno a La Gran Madre.
Tomar el cuerpo y hacerlo territorio inmediato de sanación, de cuidado, de protección.
Ungirlo para conectarlo a lo que respira y camina con nosotros en formas inmensas,
en fuerzas sutiles, salvajes, ancestrales.
Transferir la sabiduría que registra la Naturaleza cual biblioteca silenciosa.
Salir del trance del caos y enfrentarme al sin sentido con presencia.
Recordar la disidencia, el camino poco frecuentado.
Cuestionar la visión delimitante de creencias dominantes.
Convertirme en alquimista del dolor fortaleciendo el corazón.
Convocar el derecho manifestante cocreador.
Asumir la muerte con verdad.
Renacer por la vida.
Vitalizar el Kay Pacha y evocar el espíritu del Puma.
